Lluvia de palabras, el cielo ánima al río que empieza a cantar, sonsonete nocturno que corre por la selva hacia el mar.
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A veces el mundo dice tanto que a uno solo le queda guardar silencio y escuchar.
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El cielo se nos cae y nosotros aquí abajo, pobrecitos, desamparados, tan solitos, tan solos unos con los otros, pequeñitos.
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Se cimbra el cielo en la tormenta, se le abren grietas luminosas y al instante brama de dolor. En la tierra las heridas se hacen río, dolor de parto, cicatriz de espanto.
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